dilluns, 31 de març del 2008

¡BUEN CAMINO!


Lunes 17 de marzo
Zubiri-Pamplona

Hoy los pies están bastante resentidos. No ha salido ninguna llaga pero están escocios. La espalda cargada y el cansancio acumulado de dos jornadas de andar veintipocos quilómetros.

El camino no es jauja...


Los primeros quilómetros piensas que será fácil pero el ejercicio constante, monótono y mecánico de los pasos llega a acumularse transformando el roce de un pliegue del calcetín en unos pies irritaos, la presión del cinturón de la mochila en un par de moraos en las crestas ilíacas. A pesar de todo produce una gran satisfacción dedicar poco más de cinco horas al día a caminar y olvidar toda la rutina habitual. Pensar en nada o en todo, rescatar nombres de plantas, narrar anécdotas del pasado y filosofar sobre la vida.
¡BUEN CAMINO!


Marta

dilluns, 24 de març del 2008

III

Porque al terminar la Guerra
Lo que yo sí pude ver
Es que sólo los malos
Eran los que vivían bien.
Y si en alguna ocasión
Alguno se me acercaba
Era de aquellas ideas
Que yo tanto odiaba.
Siendo ya una mujer
Cuando menos lo esperaba
Pues todo un hombre de bien
A mi vida se acercaba.
Y que tuvo la desgracia
Cuando la Guerra acabó
De formarle una calumnia
Para meterlo en prisión.
Y él no tenía más delito
Que haber sido voluntario
A defender de una Guerra
Como era necesario.
Y tuvo la mala suerte
De ser de los que perdieron
Y entonces se aprovecharon
Los que ganando salieron.
Y una pelea particular
Que a cuento ya no venía
Ellos la aprovecharon
Para amargarle su existencia.
Pero esto pasó
Y yo todo lo sabía
Por lo que no le hice caso
A cosas que me decían.
Si le hubieran pagado
No lo hubieran hecho mejor
De meterse en mi vida
Pero de nada les valió.
Y yo sólo le hice caso
A mi entereza y valor
Y a que iba a ser muy feliz
Como me decía mi corazón.

dilluns, 10 de març del 2008

II

Al cumplir los dieciocho
Vino la Guerra Civil
Ahora es cuando empezó la angustia y el sin vivir.
A toda la juventud
A la Guerra se llevaban
La gente triste y llorando
En los pueblos se quedaba.
Así pasaron tres años
Que en la juventud son tristes
Y daba pena pensar
En quien aún no conociste.
Entonces sólo vivían
Los que habían salido ganando
Y los otros en la cárcel
Viviendo un calvario.
Para mis hijos y nietos
Lo que sí pido con fe
Es que una Dictadura
Nunca la tengan que ver.

PATCHWORK


No sé si sucede alguna vez en la vida que por alguna extraña conjunción de los astros desaparecen las pequeñas o gigantescas pruebas que los días nos presentan.

A menudo los días son como un patchwork, en los que un fino hilo separa momentos con colores, texturas y dibujos totalmente diferentes.

Quizá es cuestión de aprender a fijar la mirada en aquellos pequeños retales que de vez en cuando aparecen y lo llenan de significado, que aportan color y belleza al complejo dibujo que se forma.

diumenge, 9 de març del 2008

LA NIÑA DE LUTO I

Quien sabe si el placer de escribir es algún tipo de desajuste genético que heredé de la iaia…
Total, que ella tuvo pocas oportunidades de compartir aquello que plasmaban sus escritos y, cosas de la vida, ahora que ella ya no está aparece esa posibilidad.
Así, que aprovecharemos esta oportunidad y en la categoría de la iaia iremos mostrando el legado que la matriarca dejó.
Lo primero que deseo mostraros es algo que escribió en el año 1992, a los 76 años, y que de alguna manera son sus memorias. A mi me parecen de gran valor, pero claro, es que son de mi abuela.
Como son algo largas irán apareciendo poco a poco y os invito a seguirlas.
Con ella os dejo…


I

En una casita blanca
Entre pinos y olivares
Jardines llenos de rosas
También árboles frutales.
Un día del mes de Mayo
Con olor de primavera
Nació una niña que todos
Sólo de verla lloraban.
Pasaron meses y años
Y esta niña fue creciendo
Pero nadie le decía
Que en su vida un misterio había.
Como fue siendo mayor
Lo que sí cuenta se daba
Que cuando una gracia hacía
En vez de reír lloraban.
En sus primeros vestidos
Bonitos negros llevaba
Pero ella no sabía
El misterio que encerraba.
No le faltaron caprichos
Y todo lo que quería
Pero fue dándose cuenta
Que su papá no vivía.
Hasta que un día le dijeron
Que su papá no vivía
Y que todos en este mundo
hemos de morir un día.
Pero que a ella jamás
Le faltaría el amor
De su mamá y sus abuelos
Y su hermanita mayor.
Al no haber niños pequeños
Y poderse entretener
Lo hacía con los libros
Y muy pronto aprendió a leer.
Un señor ya mayor
Que ni título tenía
Venía a darles lecciones
Dos horas todos los días.
Cuando tenía diez años
Las clases terminaron
Y todas mis ilusiones
Por tierra se quedaron.
Mi madre me quería mucho
Y no hubo manera
De desprenderse de mi
Para que a estudiar fuera.
Cuando cumplí trece años
Tan sólo me entretenía
Cuidando a mis abuelitos
Que era lo que más quería.
Así fue pasando el tiempo
Y yo siempre muy contenta
Me iba haciendo mayor
Pero yo sin darme cuenta.

dimecres, 5 de març del 2008

JUNO




Un peli molt recomanable.
Rius força, t’emociones una miquetona i sobretot passes una bona estona.
Bé, jo la vaig passar.

EL MEU REFUGI

Un dia vaig tenir un somni.

Vaig somiar que despertava al teu costat.

Vaig somiar que havien passat els anys, que el meu cabell ja era

totalment blanc, i potser el meu cos era cansat.

Vaig somiar que tal vegada tenia més records que il·lusions.

Vaig somiar que les meves cames havien conegut més camins dels

que li quedaven per recórrer.

Però no era un somni trist, ni tan sols nostàlgic.

Era el més alegre dels somnis.

Vaig somiar que continuaves allà.

Vaig somiar que els teus braços continuaven sent el meu refugi.

AMOR DE JOVENTUT

Il·lusió, passió, intensitat, confiança.

Amor de joventut?

Pot ser.

Inexperiència, ingenuïtat, precipitació.

Amor de joventut?

Pot ser.

O potser no.

CUANDO EL ALMA DUELE

Eran las siete y veinte de la tarde y aunque ya estaba en casa, de vuelta del trabajo, me quedaban un montón de cosas por hacer. Un montón de cosas que podía dejar para mañana sin que aconteciera ningún cataclismo.
Y eso es precisamente lo que deseaba hacer, lo único que realmente deseaba hacer era meterme en la cama, entre aquellas sábanas que quizá hacía meses que no cambiaba, y dormir.
Dormir y sólo despertar cuando vengas a buscarme. Pero eso no sucederá.
Te espere despierta o dormida tu nunca volverás, quizá nunca estuviste.
Miro los días vacíos, y grises aunque brille el Sol. Los minutos duelen, y mirar las horas que le quedan al día es como estar al píe de una montaña y saber que se tiene que ascender a pesar de la pronunciada pendiente, para repetir la hazaña al siguiente día, y todos los días.
Y es que cuando el alma duele no hay otro camino que el de seguir caminando.

UTOPÍA

Es aquello que resta al final de nuestro camino, y a lo largo de él.
Aquello inalcanzable que a la vez nos atrae.
Guía la dirección de nuestros pasos y de nuestras miradas.
Reside en nuestro primer llanto y en nuestro último suspiro.
Nos acompaña cada mañana al abrir los ojos y cada noche al cerrarlos.
Reside en nuestro corazón, junto a la esperanza, la amistad, el amor… y en el mío junto a ti.

elena

24 de abril de 2002

¡A LA HOGUERA!

Escribir en una simple hoja de papel lo que nos duele, arrugarla como si al hacerlo el dolor dejara nuestro cuerpo, haciendo una débil pelota, despreocupadamente lanzarla al fuego y ver como quema.

El fuego tiene tanta fuerza que más de una hemos intentado alguna vez lanzarle deseos. ¿O es sólo cosa mía?

NADIES

Niños sedientos.
Niños de ojos grandes y vivos. Y pequeños corazones rotos.
Que buscan agua en los desiertos de sus casas.
Niños que como las plantas en los balcones de las ciudades buscan el sol que les alimente.
Buscan un rayo entre la oscuridad de los edificios.
Buscan una bocanada de aire limpio entre tanta contaminación.
Sin saber que buscan. Sin poder encontrar.
Sin manos que puedan acompañarlos, sin manos que sepan acompañarlos.
Niños que no son escuchados, al fin y al cabo son sólo eso, niños.
elena

LOS NADIE

(Eduardo Galeano)
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

LA SOLEDAD




Un pedazo de realidad.
Sin aditivos.
Muy recomendable.

L’ESQUERRA: UNA MORAL SUPERIOR

Fa uns dies vaig sentir una afirmació, en boca d’un conegut presentador de la televisió catalana, que condueix un programa matutí que a vegades fins i tot ens possibilita fer funcionar el cap. L’afirmació en qüestió no la recordo literalment, però venia a dir que els discursos d’esquerres tot sovint fan gal·la d’una moral superior.
No m’agrada utilitzar el mot superior o inferior referit a característiques personals, ja que té com a objectiu situar a una persona per sobre de l’altra. De tota manera no va ser la paraula superior el que em va fer pensar, sinó el contingut de l’afirmació, perquè si el discurs d’esquerres remou la consciència moral de l’oient em dono per molt satisfeta.
Em dono per molt satisfeta si facilita que els que l’escolten es qüestionin moralment, recordant així que vivim en relació amb els altres i amb l’entorn i que les nostres accions tenen una repercussió de la que en som responsables.
Em dono per molt satisfeta si els plantejaments d’esquerres fan grinyolar les consciències, ja que és aquesta l’única manera d’esdevenir millor persones, que no superiors sinó simplement millor del que cadascú ja és, i construir relacions més justes.
I és que diàriament sentim tot tipus de coses, com l’altre dia que vaig poder escoltar Rajoy afirmant fins a la sacietat: “en lo que yo creo y lo que defiendo es la libertad”. Sense comentaris!

AUTENTICITAT

Quizá es el estar sola lo que me permite escribir. Lo que me obliga a mirarme por dentro y sobretodo a escucharme.
Hacía tiempo que no sentía la necesidad que el lápiz y la hoja me acompañaran a cada paso.
Quizá había sustituido el desnudarme hacia fuera por el desnudarme hacia dentro y creía que con eso era suficiente.
Y es que, imagino que son pocos los valientes que a corta edad se lanzan a su interior sin miedo, estando más pendientes de lo que les dice su cuerpo que de lo que dicen los de su alrededor.
En estos días en que aun parece que hablar en voz alta de lo que sentimos cuando se nos rompe el corazón, o cuando se nos va un ser amado, o cuando lloraríamos (o lloramos) de felicidad por sentirnos la persona más amada del mundo; en estos días en que todavía es difícil para algunos pronunciar el nombre de la persona a la que aman porque quizá no reúna los requisitos que otros creen debería cumplir.
En unos días en los que quizá sea más necesario que nunca saberse escuchar, porque parece que a nuestro alrededor la vida nos ofrece más posibilidades que en cualquier otro momento de la historia; se continúan censurando las emociones y se nos pretende seguir educando en la idea que la respuesta a lo que sentimos no se puede desviar demasiado de unos parámetros más o menos determinados.
Nuestra pedantería, y nuestra obstinación por mantener estos límites llega a todos los ámbitos de nuestra vida desde la más tierna infancia.
Así en las escuelas, desde bien pequeños nos pretenden enseñan qué cosas nos deben gustar y debemos saber hacer bien, de no ser así se nos expulsa con total ligereza del sistema educativo, aunque formalmente no se haga hasta los dieciséis años es éste un fenómeno que muchos viven desde edades bien tempranas.
Y es que tampoco a los niños se les permite expresarse ni se les enseña a escucharse, y mucho menos a aquellos que están en la transición de la infancia a lo que llamamos adultez, a aquellos que llamamos adolescentes. A estos, como a menudo son los que más gritan, los pocos que esparcen su inconformismo, es a los que más se calla. Atribuyéndole a su inexperiencia y falta de conocimiento la mayoría de sus expresiones.
Así, en estos días aun aprendemos con un sistema educativo que no escucha realmente a los alumnos, en ninguna de sus etapas, enseñándoles que aquello que ellos sienten, aquello que les emociona, lo que les atrae, lo que en realidad son, es poco importante y las cosas realmente importantes son otras.
Y con esto no cargo contra el sistema educativo como culpable de nada, si no que lo uso a modo de ejemplo de la poca importancia que le damos a la individualidad, no de sólo sino de individuo, de lo que cada uno siente y piensa.
No he tenido demasiadas personas a mi alrededor que me enseñaran a mirar hacia dentro. A pesar de haber recibido cierta formación en el ámbito educativo y en el psicológico, que por otro lado me permite dedicarme profesionalmente a la educación, es decir, a intentar guiar a otros para encontrarse así mismos y lo que se podría llamar encontrar su sitio, porque también cabe recordar que no vivimos aisladamente; y a pesar que en gran proporción de la formación que he recibido hasta el momento se me ha señalado que la observación era la base de la intervención, muy excepcionalmente alguien me dijo de la importancia de mirar a dentro. Y también fueron excepcionales aquellos (más bien aquellas, que esto de la educación aun es mayoritariamente femenino) que me hicieron sentir realmente escuchada.
Imagino que esto de aprender a escucharse a uno mismo es una responsabilidad más bien individual, pero lo cierto es que el camino quizá nos sería mucho más fácil si aquellos que a lo largo de la vida, de una manera u otra, tienen una función de guía, y sobretodo me refiero a los profesionales del acompañamiento, nos guiaran también hacia dentro, en lugar de encorsetarnos en unos límites a menudo totalmente innecesarios que en ocasiones nos oprimen de tal manera que no nos permite mostrar ni uno sólo de los rayos de luz que nacen en nuestro interior.