dimecres, 5 de març del 2008

CUANDO EL ALMA DUELE

Eran las siete y veinte de la tarde y aunque ya estaba en casa, de vuelta del trabajo, me quedaban un montón de cosas por hacer. Un montón de cosas que podía dejar para mañana sin que aconteciera ningún cataclismo.
Y eso es precisamente lo que deseaba hacer, lo único que realmente deseaba hacer era meterme en la cama, entre aquellas sábanas que quizá hacía meses que no cambiaba, y dormir.
Dormir y sólo despertar cuando vengas a buscarme. Pero eso no sucederá.
Te espere despierta o dormida tu nunca volverás, quizá nunca estuviste.
Miro los días vacíos, y grises aunque brille el Sol. Los minutos duelen, y mirar las horas que le quedan al día es como estar al píe de una montaña y saber que se tiene que ascender a pesar de la pronunciada pendiente, para repetir la hazaña al siguiente día, y todos los días.
Y es que cuando el alma duele no hay otro camino que el de seguir caminando.